La reciente decisión de la autoridad ambiental en Colombia de limitar el uso de agua por parte de Coca-Cola en el municipio de La Calera marca un antes y un después en la gestión de recursos naturales en el país. Este caso no solo ha generado debate a nivel nacional, sino que también plantea preguntas clave sobre sostenibilidad, responsabilidad empresarial y el futuro del acceso al agua.
Según reportó El País, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) decidió restringir la explotación de manantiales por parte de la embotelladora INDEGA, filial de Coca-Cola, con el objetivo de priorizar el consumo humano frente a los desafíos del cambio climático.
¿Qué cambió exactamente?
La medida implica que la empresa solo podrá utilizar 4 de los 7 manantiales que venía explotando, reduciendo significativamente el volumen de agua permitido. Además, la concesión fue renovada por solo cinco años, en lugar de los diez solicitados.
En términos prácticos, esto representa una disminución del caudal autorizado de aproximadamente 3,2 litros por segundo a 1,9 litros por segundo, una reducción cercana al 40%.
Esta decisión responde a múltiples factores, entre ellos:
- La escasez de agua reportada por la comunidad desde 2024
- El impacto del cambio climático en la disponibilidad hídrica
- La necesidad de garantizar el abastecimiento para consumo humano
Un conflicto ambiental que venía creciendo
El caso de La Calera no es nuevo. Desde hace varios años, comunidades locales y organizaciones ambientales han alertado sobre el uso intensivo de fuentes hídricas por parte de la industria.
De hecho, la preocupación aumentó tras periodos de sequía que incluso llevaron a racionamientos de agua en Bogotá, lo que intensificó el debate sobre quién debe tener prioridad en el uso del recurso.
La decisión de la CAR es vista por muchos expertos como un precedente importante en América Latina, donde el equilibrio entre desarrollo económico y sostenibilidad ambiental sigue siendo un reto.
¿Qué implica esto para Coca-Cola?
Para Coca-Cola, esta resolución representa un desafío operativo significativo. La empresa produce más de 400.000 botellas diarias en esta planta, por lo que deberá:
- Reducir su producción
- Buscar nuevas fuentes de agua
- Ajustarse a controles ambientales más estrictos
Además, la compañía deberá cumplir con nuevas obligaciones, como monitoreo ambiental en tiempo real, inversiones en conservación y apoyo a proyectos comunitarios.
A pesar de esto, la empresa ha reiterado su compromiso con el uso sostenible del agua y el cumplimiento de la normativa colombiana.
El mensaje de fondo: el agua como derecho fundamental
Más allá del impacto empresarial, este caso pone sobre la mesa un tema clave: el acceso al agua como derecho humano.
Las autoridades han sido claras en su postura: el consumo humano debe tener prioridad sobre cualquier uso industrial. Este principio, aunque lógico, no siempre se ha aplicado con firmeza en el pasado.
Este tipo de decisiones reflejan un cambio en la forma en que los gobiernos están abordando la gestión de recursos naturales, especialmente en contextos de crisis climática.
Conclusión
La decisión de limitar el uso de agua a Coca-Cola en La Calera no es solo una medida ambiental: es una señal clara de que las prioridades están cambiando. En un mundo donde el agua es cada vez más escasa, garantizar su acceso para las personas será siempre la prioridad.
Este caso podría convertirse en un referente para futuras regulaciones, no solo en Colombia sino en toda la región.
